Nuestra Historia

El Colegio El Encuentro es una institución educativa que se localiza en la comuna de Peñalolén. Su emplazamiento geográfico nos sitúa en la precordillera de la Región Metropolitana, en un ambiente natural, poblado de nogales, praderas y viñas, mientras la Cordillera de los Andes nos observa desde las alturas.

Nuestra institución comienza su función educadora en el mes de marzo del año de 1996, con  una matrícula total inicial de 21 estudiantes. Ese año particularmente, otorgamos una beca para 3° básico, lo que nos permitió configurar cuatro cursos, correspondientes a los niveles 1º a 4º básico, finalizando el mismo año con una totalidad de 28 estudiantes.

Con el transcurso de los años hemos ido aumentando nuestra matrícula, con el ingreso de un promedio de 50 estudiantes por año. Hoy en día podemos acoger a un máximo de 30 alumnos por curso, lo que nos permite entregar nuestra función educativa a un número de 350 alumnos.

En sus inicios, nuestro Colegio se encontraba rodeado de gran cantidad de áreas verdes, solo estábamos nosotros, una pocas casas y las plantaciones de nogal. Con el avance de la urbanización, y el crecimiento sostenido de la población dentro de nuestra región, nuevos visitantes, familias y construcciones nos rodean. Sin perjuicio de lo anterior, reafirmamos nuestro compromiso medioambiental dentro del espacio que nos circunda, y mantenemos preservada la ecología en la cual nos desenvolvemos.

El casino era pequeño, pero no por ello menos acogedor. Todos nuestros estudiantes almorzaban en el Colegio, una de nuestras auxiliares, “la tía Graciela”, era la encargada de lavar todo, cumpliendo un rol importante dentro de nuestra comunidad.

Desde nuestra fundación, diversos profesores y profesoras han transitado por nuestras aulas, cada uno de ellos sin duda ha contribuido a la configuración de este espacio, sus relaciones y la formación de las generaciones que han completado su educación secundaria. Hoy, con nuevos y renovados espíritus, continuamos realizando nuestra labor de enseñanza, construyendo compromisos futuros, sin olvidar nuestros pilares fundacionales.

En nuestros orígenes, establecimos un rito de ingreso para cada estudiante nuevo: en un día definido, cada uno de ellos plantaba su árbol. Debía asumir la responsabilidad de cuidarlo y regarlo durante el año. Con el paso del tiempo fuimos creciendo, por lo que, ya no tuvimos espacio para seguir plantando. Asumiendo nuestro compromiso con cada uno de nuestros estudiantes y sus familias, los estudiantes hoy, cuidan los que existen; los celebran y protegen; y aquellos nuevos estudiantes que ingresan, son partícipes de este proceso, y los recibimos con una gran ceremonia al comenzar el año escolar, sumándose a otro de nuestros ritos: cada curso recibe un nogal, el cual debe cuidar y honrar durante todo el tiempo que estén en el colegio. En el mes de abril, realizamos todos juntos la Cosecha de Nueces ratificando nuestra relación sincrónica con el espacio que habitamos.

Año a Año, día a día, clase a clase, nos esforzamos por mantener un clima de respeto, tolerancia, aceptación y empatía entre cada uno de nosotros, construyendo juntos la educación que anhelamos y proyectando de forma consciente las trayectorias de vida de nuestros estudiantes.